
Inicié
en HIPPO a principios de
Octubre del 2007; bien se
dice que él hubiera no
existe y que todo llega en
el momento que debe llegar,
pues creo que así me ha
sucedido con HIPPO. Si yo
hubiera sabido de HIPPO hace
once años, quién sabe si
hubiera entrado, porque lo
que yo quería era "aprender"
el inglés, para poder
estudiar una maestría. O tal
vez sí, tal vez me hubiera
atraído la ganga: "7 idiomas
a la vez por el mismo
precio", de lo que sí estoy
segura es que en mi camino
de la adquisición del inglés
pudo haberse evitado la
tortuosidad. Recorrí cinco
escuelas de inglés con
métodos diferentes y muy
maravillosos, en todos
avanzaba de nivel pero yo
seguía con cara de what?
para hablar, escribir, leer
y escuchar; todos ofrecían
magníficos viajes
interculturales a Canadá,
Estados Unidos, Inglaterra
y/o Australia, PERO sólo
para aquellos estudiantes
cuyo dominio del idioma
fuera como mínimo del 50%, o
sea, que para mí significaba
una experiencia del más
allá, del tercer milenio o
fuera de la órbita
terrestre. Con la última
escuela me di cuenta de que
los idiomas no eran para mí,
que en lugar de ir con gusto
y disposición me auto
flagelaba; me lamentaba que
de niña no hubiera tenido la
oportunidad de estar en
escuelas bilingües y
envidiaba enormemente a esos
niños y tremendamente a los
que se desenvolvían en
contextos multilingües y se
me acaban los adjetivos de
la envidia para los que
tenían dos lenguas maternas
o más.
En Agosto del 2007 comencé a
acudir a una actividad
sabatina en el centro
cultural "Jaime Sabines";
llamaba mi atención unos
letreros multicolores que
ofrecían siete idiomas a la
vez. Recuerdo que la primera
vez que lo leí mi primer
pensamiento fue "ya no saben
qué inventar con tal de que
uno caiga en sus redes".
Cada Sábado de Agosto y
Septiembre leía
rigurosamente el letrero,
los dos últimos de
Septiembre anotaba el
número, total, nada perdía
con pedir informes, pero
olvidaba o perdía el número,
hasta que un Sábado, el
cartel fue diferente,
ofrecían un open door y una
sesión gratuita, lo único
que tenía que hacer era
llamar. Anoté nuevamente el
teléfono, llamé entre semana
y colgué, me asaltó el
pensamiento de los costos,
si son siete idiomas, debe
ser muy caro. Reconsideré y
volví a llamar, la
contestadora muy amable me
pedía dejar mi mensaje y así
lo hice. En un rato más, una
voz muy amable y ¿familiar?
(porque no la conocía, pero
me trataba con mucha
amabilidad sincera, sin
poses) me dio la información
necesaria.
Al siguiente domingo estaba
ya acudiendo a la cita; el
sustento teórico me
convenció de inmediato, es
adquisición, lo que yo
trabajo con los preescolares
y con los sordos, pero sobre
todo, ¡el cerebro crea redes
neuronales a la edad que
tengas! Y eso da como
resultado la adquisición de
idiomas, no sólo del inglés,
sino de muchos idiomas,
porque como bien dice
Chomsky, la capacidad
lingüística se desarrolla y
yo podía acceder a todo eso.
Para mí, ya era suficiente,
lo que no sabía es que había
mucho más para mí.
Al llegar a la primera
sesión, la fellow me recibió
como si nos conociéramos
desde hace mucho, y cada
socio que llegaba me
saludaba de la misma manera;
lamento decirlo, pero eso me
impactó (y lo lamento no
sólo por mí, cuando llegan
nuevos posibles socios,
puedo observar en sus
rostros y mirada, el
desconcierto de ser tratados
como uno más, en el sentido
de la familiaridad y la
igualdad). Las sesiones se
podían disfrutar, el reto
era conmigo misma, las SADAS
son como gimnasia cerebral,
y todos nos ayudamos unos a
otros y reconocemos los
logros de cada uno.
En los mochiyori me entero
de las experiencias de mis
compañeros con personas
extranjeras, no podía
creerlo, eran tan comunes y
naturales, ¡y yo también
podía tenerlas! Yo también
podría recibir en mi pequeño
departamento a un Hippopo de
otro país.
A los dos meses me entero de
poder viajar a Japón, Rusia
y Estados Unidos ¡sin
necesidad de hablar una
pizca del idioma! Había sido
algo que había yo deseado en
las escuelas de idiomas y
había sido algo tan negado,
que ahora ya no podía creer
semejante oportunidad, y tan
no lo podía creer que cuando
me propusieron, a los cuatro
meses, viajar a Wisconsin yo
me negué (entre otras cosas,
porque Japón se me antojaba
más, por su cultura y mi
descendencia). Gracias
Martha por sentarme frente a
ti y explicarme sobre las
experiencias que me podrían
estar esperando en ese país.
Y sí, viajé y mi experiencia
fue genial en muchos
aspectos y sentidos. Mi
inglés está en buen proceso,
como otros idiomas. Mi
frustración, ansiedad y
miedo a los idiomas ha
descendido
significativamente.
A las dos semanas de
regresar de Wisconsin
¡recibí a mi primera visita
de Japón! Y ha sido otra
gran experiencia en muchos
aspectos y sentidos. La
importancia y comprensión de
ver al otro como alguien
como yo y no ajeno a mí, se
vive con todos los sentidos.
La inclusión social
propuesta por Tony Booth es
una realidad en HIPPO.
A un año y cuatro meses de
haber sido de las
afortunadas de ingresar a
HIPPO, sigo descubriendo
maravillosas experiencias y
sorpresas, HIPPO es como una
caja de pandora, difícil de
creer y comprender si sólo
se plática, hay que vivirlo.
Para terminar con esta
primera experiencia, me
gustaría dar las gracias, a
veces cuando se recibe
mucho, no sabemos más que
dar las gracias y este es mi
caso. Gracias a Dios por
Sakakibara y gracias a
sakachán por HIPPO. Gracias
a Javier y a Martha por
creer en este proyecto y
por mantener el ánimo e
interés de continuar
compartiendo un proyecto de
estilo de vida como HIPPO.
Gracias a todos los fellows
por su entereza y convicción
para formar grupos y
multiplicar esta cadena.
Gracias a todos los HIPOPOS
por su calidez y amistad.